Y llegamos al formalismo.Llegamos a la abstracción del concepto. A la especulación del concepto y a las operaciones y relaciones del concepto. Llegamos al siglo XIX.
Se abre ante nosotros todo un mundo de nuevas posibilidades, un mundo de ingenio, de suspicacia intelectual y de agudeza mental. Estamos ante una puerta, de oro, que está siendo cincelada. En la puerta una¡ señor nos dice que tengamos cuidado pues la luz que arrojamos puede no ser la luz que creemos, y la antorcha que nos ilumina puede estar sustentada sobre mentiras o sobre verdades medias. En la puerta otro joven nos advierte sobre si nuestra elección está determinada o no, sobre si el abrir la puerta lo elegimos nosotros o es la evolución de un proceso mental en el que hemos sopesado opciones eligiendo la mejor para el grupo y nosotros mismos.
Osamos cruzar la puerta. Pero, ¡ZAS!, nos damos de bruces con el muro de atrás de la puerta. Aturdidos, buscamos una salida y una explicación en el camino recorrido, pero no la encontramos. Una mano nos ofrece ayuda, de esa mano sale un hombre con bigote y despeinado del cual solo sabemos que habla con acento mozartiano, cogemos su mano y seguimos sin poder cruzar, entonces surge de entre las tinieblas otro seño, este con monoculo y bigote, y ya si por fin nos adentramos en el abismo, con una antorcha que aun se tambalea pero que poco a poco arroja un poco mas d luz sobre nosotros.
Hemos llegado al siglo XX.
Sin duda el camino del conocimiento se construye a base de equivocarse. Pero incluso esto hay que hacerlo sabiamente, aunque el tiempo siga siendo absoluto, claro.
ResponderEliminarNo me gusta decir que es imposible que podamos conocerlo todo, pero de igual forma, me gusta que esa sea nuestra meta.
:)